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El líder del mundo del Aikido, Doshu
Kisshomaru Ueshiba, falleció el 4 de enero de 1999, aproximadamente a las 17:00 hrs. Tenía 77 años de edad. En los últimos años, Doshu había estado entrando y saliendo del hospital constantemente. Siempre deseó guardar silencio sobre su enfermedad para no causar molestias a nadie. Su interminable generosidad no permitía que nadie se preocupara por él. El 18 de enero de 1999, el hijo del Doshu, Moriteru Ueshiba, se transformó oficialmente en su sucesor, “ Ni Dai Me Doshu” (Segundo Doshu). A pesar del las recientes transformaciones llevadas a cabo en el seno de la AikiKai, cualquier nuevo enfoque o cambio en su política tendrá que esperar hasta que haya pasado el período de luto. Por otra parte me gustaría aprovechar esta oportunidad para agradecer todas las amables muestras de condolencia y de apoyo a la familia Ueshiba que se han recibido desde
entonces. Para todos los que practicamos y enseñamos el Arte del Aikido, el año 1999 comenzó con la triste noticia de la muerte del Doshu. A finales del año pasado me
enteré que el Doshu había sido hospitalizado, y el 30 de Diciembre, junto con el Maestro Sugano, dejé Nueva York para visitar al Doshu en el hospital. En aquél momento no me paso siquiera por la cabeza que en breve tendría que volver a cruzar el Océano Pacífico por causas de los tristes acontecimientos que iban a ocurrir a continuación. El 4 de enero de 1999, tras haber ido al hospital a despedirme del Doshu, abandoné Tokyo. Al estrechar su mano para decirle adiós, sabía que esta sería la última vez que lo hacía . Cuando llegue al aeropuerto JFK de Nueva York, las tristes nuevas me estaban aguardando. Durante las 14 horas que duró el vuelo a Tokyo para visitar al Doshu en el hospital tuve mucho tiempo para reflexionar sobre lo que estaba sintiendo. No podía creer que la última vez que había visto al Doshu, tan sólo tres meses antes, si bien me dio la impresión de que se encontraba algo débil, todavía se mostraba contento y alegre. Así que durante ese viaje, mi mente estuvo ocupada por pensamientos sobre la vacuidad de la existencia, sobre lo vana que es la vida. Mi mente también vago por el pasado, por todos los buenos recuerdos del Doshu.
Ahora, mucha gente empezará a contar sus recuerdos del Doshu, o tal vez escribirán artículos acerca de su personalidad o de sus logros. Me imagino que muchos aprovecharán esta oportunidad para escribir sus propios pensamientos y recuerdos del Doshu. Sin embargo, para mi,
la impresión más fuerte que tengo de él es que siempre fue un caballero. Era una persona que se preocupaba por los demás, especialmente por sus alumnos. Se preocupaba por la gente completamente hasta el fin, porque sabiendo que a todo el mundo le gustaba pasar los tres primeros días del año nuevo con la familia, él esperaba hasta el cuarto con su fortísimo espíritu.
Si me permiten hablar llanamente, yo recibí el permiso para ser Uchi-deshi en
el AikiKai hace más de cuarenta años El primer día de mi vida como Uchi-deshi fue también mi primer día de práctica de Aikido. Se puede decir que no distinguía el
Este del Oeste pero el Doshu era una persona sumamente generosa. Yo no solamente no sabía nada de nada, sino que, además, al ser demasiado joven, también era algo
desacatado. Sin embargo el Doshu nunca nos reñía y más bien nos dejaba practicar libremente. Debo admitir que, de vez en cuando,
él hubiera querido realmente levantar la voz o aplicarnos algún correctivo, pero jamás lo hizo.
Bajo la fuerte presión de ser hijo del gran O’Sensei y de estar perpetuamente rodeado por los alumnos de su padre, y caerle además la responsabilidad de transformarse en el nuevo líder del mundo del Aikido, el Doshu dirigió toda su vida a establecer el arte de su padre de manera que muchos pudieran disfrutar con su práctica. En otras palabras, la expansión y la abertura al público en general que experimentó el Aikido se debió exclusivamente a su esfuerzo. A
éste proposito dedicó toda su vida. Gracias a su dedicación, actualmente se puede practicar Aikido en cualquier lugar del mundo.
En el pasado, y a pesar de su apretada agenda, el Doshu venía a visitarnos a nuestra AikiKai de Nueva York y a nuestros campamentos de verano. Para
mi era un placer y un privilegio viajar con él por todos los Estados Unidos, y en estos viajes tuve la oportunidad de conocerlo más a fondo, no sólo como Doshu, sino también como Ueshiba, el ser humano. Uno de los recuerdos que guardo de él, sucedió una noche en un hotel de los Angeles, California. Las habitaciones de todos los
Deshi estaban en una misma planta que la del Doshu. Estabamos todos en tertulia conversando en una de las habitaciones, cuando el Doshu decidió retirarse a descansar. De repente le oímos gritar. Al entrar en su habitación vimos que había una
muy joven y atractiva “princesa de la noche” fumando un cigarrillo recostada en su cama. Por si alguien siente curiosidad por saberlo, parece ser que el Doshu había dejado la puerta abierta. Sus palabras fueron: “Yamada tu eres especialista en resolver este tipo de situaciones”. Ni que decir tiene, que le pedí cortésmente a la muchacha que saliera de la habitación.
El 17 de enero de 1999, más de 3 mil personas procedentes de todas las partes del mundo, se congregaron para rendir el último homenaje al Doshu. Pude oír claramente como cada uno de ellos decía: “Doshu, muchas gracias”. Cuando le cogí de la mano en el hospital hubiera deseado que me hiciera Shihonage una vez más. Mientras escribo estas líneas, puedo contemplar a través de la ventana de mi oficina los blanco copos de nieve que silenciosa y mansamente van cayendo del cielo. |
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"El principio que se encuentra en el jujutsu clásico de que lo blando controla a lo duro y lo flexible vence a lo rígido, fue heredado, aunque con una diferencia fundamental, por el Maestro Ueshiba en su formulación del Aikido. En el antiguo jujutsu se enseñaba que "cuando te empuje, cede; cuando tiren de ti, empuja hacia delante". En los movimientos esféricos del Aikido, en cambio, esto se convierte en "cuando te empujen, pivota y gira, y cuando tiren de ti, entra girando", lo que quiere decir que uno debe moverse circularmente en respuesta al adversario y que, mientras nos movamos esféricamente, mantendremos el centro de gravedad que crea el eje estable del movimiento. Al mismo tiempo, el centro de gravedad del adversario se alterará, y al perder su centro también perderá todo poder; entonces se le someterá rápida y definitivamente."
Del ESPIRITU DEL AIKIDO de KISSHOMARU UESHIBA. Editorial Eyras. |

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